Llueve en el paraíso (Vancouver Island)

Vancouver Island, en la provincia de la Columbia Británica, es la isla más grande del Pacífico Norteamericano. El título, que no es poca cosa, parece importarle poco a los canadienses que están más orgullosos del clima insular que de sus millones de hectáreas vírgenes. Aquí se puede cultivar todo el año y los muñecos de nieve son menos habituales que los osos negros y las orcas asesinas, dicen las guías de viaje que venden la isla como un paraíso natural tocado por la eterna primavera.

Jardines que florean todo el año, pueblos dedicados al surf y granjas que no sucumben con temperaturas bajo cero, sugieren que la isla goza, en efecto, de un clima perfecto. Y lo hace, pero es un goce muy relativo. Comparado con los inviernos del resto del país, Vancouver Island es un paraíso. Aunque eso sí, es un paraíso de mares helados y cielos lluviosos. La combinación, que las guías de viaje parecen obviar, nos toma por sorpresa.

Adiós a los leones marinos, adiós al surf y adiós a los paseos en bicicleta, pensamos cuando las lluvias otoñales nos sorprenden primero en Victoria y después en Tofino. Con los hombros caídos y sin plan b, pedimos ayuda a los locales para encontrar qué hacer. Verán, vinimos con la idea de recorrer los parques provinciales, hacer algo de actividades al aire libre y, con suerte, ver uno que otro animal, pero la lluvia... Pero la lluvia qué, nos contestan todos como si nuestro problema estuviera falto de, digamos, problema. Bueno, es que con la lluvia quizás no es buena idea salir a andar en bici y con la lluvia los animales suelen esconderse y con la lluvia... Con la lluvia vivimos, contesta un hombre que nos asegura que el bosque lluvioso no tiene ese apellido por pura casualidad y que nuestros planes no se oxidan con la lluvia.

Una semana después nos queda claro que el hombre tiene razón. Un poco de agua no le hace daño a las tablas de surf, ni a los leones marinos, ni a los jardines botánicos, ni al paraíso.

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Acerca del autor.

Marck Gutt

Es fotógrafo, cronista y vegetariano de esos que aman el pan y a menudo recibe comentarios del tipo “ni tienes cuerpo de vegetariano”. También es un viajero sin llenadera. Cuando sea grande quiere ser políglota y vivir en una montaña entre osos y marmotas. Mientras, colabora en revistas como Esquire, Glamour, Hotbook y National Geographic Traveler. Y va por el mundo hablando con extraños aunque sus papás siempre le dijeron que hiciera lo contrario.

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