Hay viajes que cambian nuestra vida para siempre.



Les contaré la historia del día que viajé a un lugar maravilloso.

Todo comenzó una tarde que el viento trajo hasta mi puerta una hoja roja, grande, ¡era hermosa!

A la mañana siguiente me puse a investigar sobre ella y descubrí que era una hoja de maple y entonces recordé que ya la había visto antes.

Decidí hacer mis maletas y prepararme para vivir la mejor aventura de mi vida.


El primer lugar que visité fue Montreal, en Quebec. En invierno los lagos se congelan, así que pude patinar sobre el hielo. ¡Me sentía como una estrella de la televisión! Ahí conocí a Aiden, quien me acompañó en todo mi recorrido por esta provincia, ¡nos reímos y divertimos mucho! En verdad la pasé increíble, lástima que él tuvo que quedarse y yo continuar mi camino.


Tomé el Canadian de VIA Rail y llegué hasta Toronto, donde hice grandes amigos como Justin el castor, Rita y Paty las hermanitas ardillas, Bruno el topo y Meile el alce; me mostraron la ciudad y subimos a la CN Tower donde hicimos el Edge Walk. ¿Te imaginas cómo es caminar alrededor del edificio a más de 500 metros de altura? Teníamos muchos nervios, pero juntos y agarrados de la mano, ¡lo logramos!


Continué mi camino hasta Manitoba y llegué a Churchill, la casa de Devine y Corinne, unos osos polares que encontré acostados en la orilla del río, esperando a que se congelara para salir por comida. Cuando eso sucedió, los acompañé a pescar, ¡fue una experiencia maravillosa!


Después decidí cambiar un poco mi rumbo y a bordo de una pequeña embarcación llegué a Victoria, donde me sucedió algo asombroso. ¡Decenas de orcas comenzaron a rondar mi barquito! Nunca olvidaré ese momento, fue realmente espectacular.


Los senderos de este país me guiaron hasta llegar a Vancouver y, en especial, a un lugar del que me enamoré inmediatamente: Stanley Park. En verdad es un lugar de ensueño y, entre las hojas de los árboles que parecían haberse desprendido del atardecer... ¡Encontré de nuevo a Aiden! Mi corazón latía súper rápido, como nunca lo había hecho. Estaba muy emocionada de verlo porque él se dirigía a Nunavut… ¿Qué hacía en British Columbia? A partir de ese momento me acompañó en el resto del viaje.


Mi recorrido estaba por terminar, así que Aiden me preparó una sorpresa, ¡me llevó a esquiar a Whistler! Tenía un poco de miedo porque nunca lo había hecho y sentía que me congelaría en la nieve, pero absolutamente nada puede ser tan frío si te encuentras con las personas adecuadas en el camino.


Cuando regresé a mi casa, además de fotos, miles de anécdotas, experiencias únicas y una maleta llena de sonrisas y momentos inolvidables, traje conmigo el mejor regalo que Canadá me pudo haber dado: un amigo. Aiden ahora me acompaña todos los días en el mejor viaje que podemos hacer, el de compartir una vida juntos. #LaAmistadEsUnViaje


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