La calidez de un invierno helado

Baie-St-Paul, así con guiones intermedios como acostumbran los francocanadienses, es un pueblito a 90 kilómetros de la Ciudad de Quebec. Durante el verano, dicen, es una de las localidades más pintorescas de la provincia. Galerías de arte en calles caricaturescas, productores sin prejuicios que hacen vino de jitomate y pastizales colmados de ovejas, protagonizan la cotidianidad de la aldea cuando el termómetro está de buenas. Habrá que regresar en agosto para ver si es cierto.

Yo, lo que conozco, se describe mejor con conceptos como blancura imponente y fríos que no saben hacer amigos. Seducido por el resort de esquí más alto del este canadiense, viajé al pueblo de postal en el mes equivocado. La locura, que se explica con tabla de snowboard en mano, resultó mejor acompañada de lo que imaginaba. A Le Massif, el resort de esquí, le hacen segunda pistas de hielo improvisadas, jacuzzis al aire libre y mucha sidra de hielo.

Baie-St-Paul logró cautivarme. Y todo parecía bien con eso hasta que adquirió un sentido demasiado literal. Luego de tres días en el pueblo estaba listo para continuar mi viaje. “El transporte público en Canadá es de lo más confiable” me repetía a mí mismo mientras el reloj decía lo contrario. El boleto de camión me citaba en una gasolinera a las nueve y media de la mañana y, pasadas las diez, era claro que algo andaba mal. Una tormenta de nieve había bloqueado la carretera principal impidiendo la llegada del camión. Sin taxis ni coches disponibles para rentar, busqué una silla cómoda y opté por un plato de queso con resignación.

Por suerte, en eso Baie-St-Paul también me sorprendió. En lugar de pasar dos días encerrado viendo la nieve caer, pasé cuatro horas como copiloto de tres desconocidos que se ofrecieron a acercarme a Quebec. Mientras unos huyen del invierno con la promesa de encontrar calor entre playas y hamacas, otros viajamos al frío para encontrarnos, sin querer, entre tormentas de nieve ridículamente cálidas.

Feliz Viaje y Viaja Feliz #LaAmistadEsUnViaje

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Acerca del autor.

Marck Gutt

Es fotógrafo, cronista y vegetariano de esos que aman el pan y a menudo recibe comentarios del tipo “ni tienes cuerpo de vegetariano”. También es un viajero sin llenadera. Cuando sea grande quiere ser políglota y vivir en una montaña entre osos y marmotas. Mientras, colabora en revistas como Esquire, Glamour, Hotbook y National Geographic Traveler. Y va por el mundo hablando con extraños aunque sus papás siempre le dijeron que hiciera lo contrario.

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